Por qué el tiempo pasa más rápido cuando te haces mayor
Un verano de la infancia parecía eterno y ahora los años vuelan. No es tu imaginación: la psicología tiene varias explicaciones, y algunas dan pistas para frenar el reloj.
Cuando eras pequeño, un verano parecía durar una eternidad y la espera hasta Navidad se hacía interminable. Ahora parpadeas y ya es otra vez diciembre. Casi todo el mundo pasada cierta edad tiene la misma sensación: que el tiempo se acelera a medida que cumplimos años.
Los relojes no han cambiado, así que la diferencia tiene que estar en nosotros. La psicología lleva más de un siglo intentando explicar por qué ocurre, y la respuesta tiene menos que ver con el reloj y más con la forma en que el cerebro registra y recuerda lo que vivimos.
En 2005, los investigadores Marc Wittmann y Sandra Lehnhoff preguntaron a casi 500 personas de entre 14 y 94 años, en Alemania y Austria, cómo de rápido sentían que pasaba el tiempo. El resultado fue curioso: la sensación de que la última semana o el último mes habían pasado volando apenas cambiaba con la edad. Lo que sí cambiaba era la percepción de los periodos largos. Cuanto mayores eran los participantes, más rápido sentían que había pasado la última década.
Ese matiz es importante. No es que a los cincuenta cada tarde se pase en un suspiro, sino que, al mirar atrás, los años parecen haberse comprimido. Y eso apunta a la memoria como una de las claves.
año en que el filósofo francés Paul Janet propuso que percibimos cada año en proporción a la vida que llevamos vivida
Fuente: Paul Janet, Revue philosophiqueLa explicación más antigua es también la más intuitiva. Para un niño de cinco años, un año es la quinta parte de toda su vida. Para alguien de cincuenta, es solo un 2%. Si comparamos cada nuevo año con todo lo vivido hasta entonces, es lógico que cada vez nos parezca más pequeño.
La idea es elegante, pero no lo explica todo. No aclara, por ejemplo, por qué una tarde aburrida se hace eterna a cualquier edad, ni por qué unas vacaciones intensas parecen larguísimas cuando las recordamos. Para entender eso hay que fijarse en cómo funciona la memoria.
Los psicólogos distinguen entre dos formas de medir el tiempo: la que hacemos mientras vivimos algo, llamada prospectiva, y la que hacemos al recordarlo, la retrospectiva. Cuando miramos atrás, el cerebro no consulta un reloj interno, sino que estima la duración por la cantidad de recuerdos que tiene de ese periodo. Muchos recuerdos distintos dan la impresión de mucho tiempo; pocos recuerdos, de poco.
Durante la infancia y la juventud casi todo es nuevo: el primer día de colegio, el primer viaje, el primer trabajo, la primera pareja. Cada novedad deja una huella clara. En la edad adulta, en cambio, muchas semanas se parecen entre sí, y el cerebro las comprime en un recuerdo genérico. Al mirar atrás, hay menos marcas en la línea del tiempo y el año parece más corto.
Este fenómeno encaja con algo que se conoce como pico de reminiscencia: cuando se pide a personas mayores que cuenten sus recuerdos más importantes, una parte desproporcionada procede de entre los diez y los treinta años, precisamente la etapa con más experiencias nuevas.
La paradoja de las vacaciones
La psicóloga y divulgadora británica Claudia Hammond llama así a un fenómeno que seguro reconoces: una semana de viaje en un sitio nuevo pasa volando mientras la vives, pero al recordarla parece larguísima. Una semana de rutina hace lo contrario: puede hacerse pesada en el momento, pero apenas deja recuerdos y en la memoria ocupa casi nada.
Cómo cambia el tiempo según lo que vives
| Situación | Mientras la vives | Al recordarla |
|---|---|---|
| Un viaje lleno de novedades | Pasa volando | Parece muy largo |
| Una semana de rutina | Puede hacerse pesada | Casi no deja huella y parece corta |
| Un susto o un accidente | Parece ir a cámara lenta | Se recuerda con mucho detalle |
| Esperar algo que deseas | Se hace eterno | Apenas se recuerda |
Hay situaciones en las que el tiempo parece ir a cámara lenta, como un accidente o un susto. En 2007, el neurocientífico David Eagleman y su equipo quisieron comprobar si en esos momentos el cerebro realmente procesa más rápido. Para ello lanzaron a voluntarios en caída libre desde unos treinta metros de altura, hasta una red, mientras miraban un dispositivo que mostraba números parpadeando demasiado deprisa para leerlos en condiciones normales.
Los participantes calcularon que su caída había durado bastante más de lo real, pero no fueron capaces de leer los números. Es decir, no veían el mundo más despacio: lo que pasaba es que el miedo hacía que el cerebro grabase la experiencia con mucho más detalle, y al recordarla parecía más larga. Otra vez, la memoria era la que fabricaba la duración.
En 2019, el ingeniero Adrian Bejan, de la Universidad de Duke, propuso una explicación física: con la edad, las señales nerviosas viajan algo más despacio y el cerebro procesa menos imágenes por segundo, así que registraríamos menos «fotogramas» de la realidad. Es una idea sugerente, pero se trata de una hipótesis teórica, no de un efecto demostrado, y muchos psicólogos consideran que la memoria y la novedad explican mejor lo que observamos.
Si la sensación de que el tiempo vuela depende en buena parte de cuántos recuerdos distintos guardamos, la conclusión práctica es esperanzadora: podemos alargar nuestros años, al menos en la memoria, llenándolos de experiencias diferentes.
Ideas para que el año no se te escape
- ✓Introduce pequeñas novedadesCambiar de ruta, probar un restaurante o una receta nueva ya genera recuerdos distintos.
- ✓Aprende algo que no sepas hacerUn idioma, un instrumento o un deporte obligan al cerebro a registrar experiencias nuevas.
- ✓Viaja, aunque sea cercaNo hace falta irse lejos: un sitio desconocido a una hora de casa también cuenta.
- ✓Presta atención al presenteVivir las cosas con atención, sin el piloto automático, ayuda a que dejen huella.
- ✓Fija los recuerdosEscribir unas líneas al día o repasar tus fotos ayuda a que los momentos no se fundan en uno solo.
El tiempo no se puede detener, pero sí se puede vivir de forma que deje más rastro. Quizá por eso los años de la infancia parecen tan largos: no porque durasen más, sino porque estábamos aprendiendo a cada paso.
Y si te interesa cómo funciona tu reloj biológico, el que decide a qué hora rindes mejor y a qué hora te entra el sueño, tenemos un test para descubrirlo.