Psicología· Curiosidad

Por qué seguimos creyendo mitos que la ciencia desmontó hace décadas

Que solo usamos el 10% del cerebro, que el azúcar pone hiperactivos a los niños, que la Gran Muralla se ve desde la Luna. Todo falso, y aun así lo repetimos. La psicología lleva medio siglo estudiando por qué.

Hay frases que casi todo el mundo ha dicho alguna vez sin pararse a pensarlo: que solo usamos el 10% del cerebro, que los peces de colores tienen tres segundos de memoria o que despertar a un sonámbulo es peligroso. Ninguna es cierta, y en la mayoría de los casos se sabe desde hace décadas. Aun así, siguen apareciendo en conversaciones, películas e incluso en libros de texto.

La pregunta interesante no es por qué existen los mitos, sino por qué sobreviven tan bien a las correcciones. La psicología lleva casi cincuenta años estudiándolo, y las respuestas dicen mucho más sobre cómo funciona nuestra mente que sobre lo poco informados que estemos.

La repetición fabrica verdades

En 1977, tres psicólogos estadounidenses, Lynn Hasher, David Goldstein y Thomas Toppino, hicieron un experimento sencillo. Pidieron a un grupo de estudiantes que valorasen si una serie de afirmaciones eran verdaderas o falsas, y repitieron la prueba varias veces con semanas de diferencia. Algunas frases aparecían en todas las sesiones y otras eran nuevas. Las frases repetidas se consideraban cada vez más ciertas, fueran verdaderas o no.

A este fenómeno se le llama efecto de verdad ilusoria, y se ha replicado muchísimas veces desde entonces. Estudios posteriores han mostrado que funciona incluso cuando la persona tiene conocimientos que contradicen la afirmación: oír algo varias veces lo vuelve más creíble aunque choque con lo que ya sabemos.

La explicación más aceptada tiene que ver con la fluidez. Una frase que ya hemos oído se procesa con menos esfuerzo, y el cerebro interpreta esa facilidad como una señal de que es verdad. Es un atajo que casi siempre funciona bien, porque lo que oímos a menudo suele ser cierto. El problema aparece cuando lo que se repite es un error.

🔁 1977

año del primer experimento que demostró que repetir una frase la hace parecer más verdadera

Fuente: Hasher, Goldstein y Toppino, Journal of Verbal Learning and Verbal Behavior
Una buena historia gana a un dato

Los mitos tienen otra ventaja: suelen ser mejores historias que la realidad. «Solo usamos el 10% del cerebro» es una frase corta, fácil de recordar y con una promesa atractiva detrás: imagina lo que podrías hacer con el 90% restante. La explicación real, que el cerebro funciona mediante redes que se activan según la tarea, es más precisa pero bastante menos emocionante.

El caso de Napoleón es parecido. Medía alrededor de 1,69 metros, una estatura normal para un francés de su época. Pero la cifra de su autopsia estaba en pulgadas francesas, más largas que las inglesas, y la propaganda británica llevaba años dibujándolo como un hombrecillo rabioso. Un emperador bajito y acomplejado es un personaje mucho más memorable que uno de estatura media, y por eso ha llegado hasta hoy.

Algunos mitos, además, nacen con apariencia de autoridad. El famoso mapa de la lengua, que asignaba cada sabor a una zona, salió de un estudio alemán de 1901 que solo había encontrado pequeñas diferencias de sensibilidad. Décadas después, un libro sobre la historia de la psicología lo resumió con un gráfico exagerado, y ese gráfico pasó a los libros de texto. Como venía de un científico y se enseñaba en el colegio, casi nadie lo cuestionó.

De dónde salen algunos de los mitos más repetidos

MitoOrigen probableLo que dice la evidencia
Solo usamos el 10% del cerebroFrases de divulgación de principios del siglo XX sacadas de contextoEl cerebro usa todas sus regiones, aunque no todas a la vez
El mapa de la lenguaMala lectura de un estudio alemán de 1901Los cinco sabores se perciben en toda la lengua
Napoleón era muy bajoConfusión entre pulgadas francesas e inglesas y caricaturas británicasMedía unos 1,69 metros, lo normal en su época
Tenemos cinco sentidosUna clasificación de AristótelesSe reconocen bastantes más, como el equilibrio o la propiocepción
La Gran Muralla se ve desde la LunaAfirmaciones anteriores a la carrera espacialNo se distingue a simple vista ni desde mucho más cerca
Corregir no basta

Cabría pensar que basta con explicar el error para que desaparezca. No es tan sencillo. Los psicólogos llaman efecto de influencia continuada a la tendencia a seguir usando una información después de haber aceptado que era falsa. En los experimentos clásicos, los participantes leen la crónica de un incendio en la que se menciona un dato que después se corrige, y aun así siguen apoyándose en ese dato para explicar lo que pasó.

La razón es que el mito ocupa un hueco en la explicación. Si te dicen que el incendio no lo causaron unas latas de pintura, pero no te dicen qué lo causó, tu mente sigue tirando de las latas porque es la única historia completa que tiene. Por eso las correcciones funcionan mucho mejor cuando sustituyen el mito por una explicación alternativa que cuando solo lo niegan.

Durante unos años se habló mucho del llamado efecto rebote: la idea de que corregir a alguien podía hacer que se aferrase todavía más a su creencia. Estudios posteriores, mucho más amplios, encontraron que ese efecto es raro. En la mayoría de los casos las correcciones sí mueven las creencias en la dirección correcta, aunque no del todo ni para siempre. Es una buena noticia: desmentir sirve, siempre que se haga bien.

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Ni siquiera esta cita es real

Circula muchísimo una frase atribuida a Mark Twain: «Es más fácil engañar a la gente que convencerla de que ha sido engañada». Quienes se dedican a rastrear el origen de las citas no han encontrado ninguna prueba de que Twain la escribiera o la dijera. Es un ejemplo perfecto de lo que cuenta este artículo: una frase redonda, repetida mil veces y atribuida a alguien con autoridad.

Cómo protegerte de los mitos

La investigación más reciente apunta a que es más eficaz prevenir que curar. La idea, que los psicólogos llaman inoculación, se inspira en las vacunas: si te expones a una versión débil de un engaño y te explican cómo funciona, después lo reconoces con más facilidad. Investigadores de la Universidad de Cambridge han desarrollado incluso juegos en línea en los que el jugador fabrica bulos para aprender sus trucos, y sus estudios muestran que después los participantes detectan mejor la desinformación.

No hace falta ningún juego para aplicar la idea. Basta con conocer las señales que suelen acompañar a un mito y pararse un segundo antes de dar algo por bueno.

Señales de que una idea puede ser un mito

  • ✓Usa un porcentaje demasiado redondoEl 10% del cerebro o el 90% de cualquier cosa: las cifras reales casi nunca son tan limpias.
  • ✓Nadie sabe decir de dónde saleSi la fuente es «lo dicen los científicos» o «está demostrado», sin más, conviene desconfiar.
  • ✓Funciona demasiado bien como historiaLas frases que provocan sorpresa o indignación se comparten más, sean ciertas o no.
  • ✓Se atribuye a alguien famosoEinstein, Twain o Churchill acumulan cientos de citas que nunca dijeron.
  • ✓Explica algo complejo con una sola causaLa realidad casi siempre depende de más de un factor.

Las afirmaciones extraordinarias requieren pruebas extraordinarias.

— Carl Sagan, divulgador científico, en la serie Cosmos (1980)

Nadie está libre de creerse un mito. Los mismos mecanismos que nos hacen caer en ellos, como fiarnos de lo que se repite o preferir una buena historia, son los que nos permiten aprender rápido y funcionar en el día a día sin comprobarlo todo. La diferencia no está en ser más listo, sino en tener la costumbre de preguntarse, de vez en cuando, cómo sabemos lo que creemos saber.

Si quieres ponerte a prueba, hemos preparado un test con doce de los mitos más extendidos sobre el cuerpo, la naturaleza y la historia. Después de cada respuesta te explicamos qué hay de cierto.

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